11/5/11

La ley del silencio

Cine Nostalgia. "La ley del silencio", una apología de la delación.

Elia Kazan hizo La ley del silencio para exorcizar sus propios fantasmas por la mala conciencia que arrastraba al haber delatado tan sólo unos años antes ante el Comité de Actividades Antiamericanas a un grupo de compañeros de profesión, antiguos afiliados al Partido Comunista.

Por lo que diría después en su autobiografía puede que ni siquiera quisiera acallar su “mala conciencia” y sus pretensiones fueran rehabilitar su posición en la industria argumentando su proceder y así convencer a sus compañeros de que cualquiera en sus circunstancias hubiera hecho lo mismo. En los círculos progresistas de Hollywood su nombre era repudiado y casi nadie en la profesión le dirigía la palabra.

El personaje de Marlon Brando (Terry Malloy) suelta frases a lo largo de la película que toda la industria consideraba salidas de la propia boca de Elia Kazan. “La conciencia. Eso puede volverme loco”, dice Terry Malloy en un determinado momento. En la película, el jefe del sindicato de trabajadores portuarios le dice a Terry: “Nos has delatado, Terry” y él responde: “Estoy aquí y ahora. Me he estado delatando durante todos estos años y ni siquiera me había dado cuenta”. Esta frase la repite en varias ocasiones en su autobiografía, publicada en 1988. La ley del silencio reconcilió a Kazan con la industria que, sin ningún atisbo de venganza, la premió con creces. Pero no reconcilió a su director con sus compañeros de profesión, que lo relegaron de su círculo privado, ya durante toda su vida.


La ley del silencio ganó nada menos que ocho Oscars (de los doce a los que fue nominada) entre los que se encontraban los de mejor película, director, actor y actriz secundaria. En sus memorias, Kazan diría. “Esa noche (la de la entrega de los Oscar) sentí el sabor de la venganza y lo disfruté. La ley del silencio es mi propia historia y mientras estaba rodándola cada día le decía al mundo de qué lado estaba, y a mis críticos, que se jodieran”. Desde luego, esta frase no corrobora para nada que cuando la rodó estuviera intentando hacerse perdonar.


Algunos consideraron la película una obra maestra enturbiada por su mensaje y por sus connotaciones con la propia historia personal de Kazan. Otros dijeron que era una bajeza utilizar una película para justificarse a sí mismo ante un hecho tan grave como la delación. Nada impidió que La ley del silencio fuese un gran éxito de crítica y de público al margen de las circunstancias extra cinematográficas que la rodearon. La película se beneficia de la interpretación poderosa de un Marlon Brando inconmensurable y después de esta interpretación, que dividió el trabajo de los actores en un antes y un después, muchos intérpretes siguieron su estilo, poniendo en primer término una forma de hacer que se llamó “el método” y que el propio Elia Kazan había creado junto a Stanislawsky en el Actor’s Studio, la mítica escuela de interpretación.


De Brando diría Kazan en sus memorias: “Si existe una mejor interpretación en toda la historia del cine que la de Brando en La ley del silencio, la desconozco”. El productor de la película Sam Spiegel, quería para el papel a Frank Sinatra y a Kazan le pareció correcto. Pero al final, Spiegel consideró que el cantante era demasiado bajito y delgado y se decidió por Marlon Brando, que era mucho más conocido. Kazan diría que tuvo que despedir a Sinatra cuando ya tenía confeccionado todo el vestuario, pero que el actor/cantante fue muy comprensivo y no le hizo ningún reproche, aunque sí que se disgustó por el trato recibido por Sam Spiegel.

La película, como sabemos, se basó en un hecho real, en la que un trabajador portuario intentó enfrentarse al sindicato del gremio, absolutamente corrupto y vendido a la patronal. En la vida real este trabajador no consigue vencer al sindicato aunque en la película, sí.

La ley del silencio es un híbrido de películas de gánsteres y el estilo neorrealista (o realista) importado del cine europeo, en especial del italiano.

La película aparece hoy como algo envejecida. El tono empleado para denunciar la corrupción y la historia de amor entre Brando y Eva Marie Saint están anticuados, pero queda intacto el trabajo de todo el grupo de actores, de entre los que fueron nominados al Oscar, Marlon Brando (ganador) Eva Marie Saint (ganadora) Lee J. Cobb, Karl Malden y Rod Steiger. Todos conseguirían la estatuilla en posteriores trabajos.

6/5/11

Tristana (Pedazo de Cartel XVIII)



Cartel Fin de Semana

¿Al cartel de qué película pertenece este "pedazo de cartel"?

Pista UNO: Una Caperucita que no tiene más remedio que crecer en la guarida del lobo.

Pista DOS: Este leñador tampoco me librará del sometimiento a la bestia.

Pista TRES: En casa y con la pata quebrada, ¡qué remedio!. Pero quien ríe el último, ríe mejor.

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Enhorabuena a: Cinexim, David, Ricard, Agrimensor, Anelva, Cine Club Hexágono-Nájera, Jesús del Val, Athena, Lughnasad, Alan Smtihee.


4/5/11

María Isbert

A propósito de su reciente fallecimiento (25/04/2011) es oportuno hacer recordatorio de una actriz que pasó por el cine español sin llamar demasiado la atención, pero llenando las películas en que intervino, pese a sus breves cometidos, de una gran humanidad.

    Humanidad sólo comparable a la de su padre, el (esta vez sí) reconocido y celebrado actor de Bienvenido Mr. Marshall, El cochecito o El verdugo.

    Digna hija de su padre, no sólo lo era por su gran parecido físico, sino también por su talento. Talento que, por desgracia, no pudo desplegar -al menos en el cine- en toda su magnitud.

    Nacida en Madrid en el año 1917, María Isbert creció entre bambalinas y ya con doce años interpretó su primer papel en las tablas.

En el teatro siempre fue más reconocida que en el cine, quizás porque durante esos años las mujeres que querían triunfar en la pantalla tenían que ser casi siempre grandes bellezones. Evidentemente, María era muy normal.

En el cine actuó por primera vez en el año 1945, en la película La vida empieza a medianoche, pero ya ese mismo año hace dos papelitos más: en El camino de Babel y en Ella y sus millones.

Es el comienzo de una ajetreada filmografía que no le dejaría respiro, pues cada año intervenía en una o varias producciones.

Fue como llegó a ser para el espectador un rostro muy reconocible, hasta el punto de que pasaba desapercibido y se tomaba como lo más natural que apareciera por allí haciendo un papelito, que dejaba al público con unas risas o una sonrisa, y desaparecía de escena.

Su físico y su voz rota la condicionó enormemente. Exactamente igual que a su padre, pero ella con menos fortuna. Sus papeles no podían ser sino criadas, solteronas, arrabaleras y cosas así donde tenía que poner su gracejo y desparpajo.

Por supuesto, su campo de acción fue la comedia. Siendo sincero y evitando la apología convencional inherente a toda semblanza de quien ha fallecido recientemente, María Isbert se movió en el cine por películas de calidad más que dudosa.

En todo caso, el cine de aquellos años era así, superficial y huía de toda trascendencia. No estaba el país para grandes películas (aunque las hubieron) y lo que predominaba era la atrascanada. El pueblo necesitaba divertirse.

En ese cine, se movieron grandes actores que sólo pudieron demostralo años después (José Luis López Vázquez, José Sacristán, Conchita Velasco...) lo que no fue el caso de María Isbert. Me refiero, por supuesto, a que no consiguió hacer protagonistas donde poder demostrar su vena tragicómica.

Su refugio fue (no podía ser de otro modo si quería demostrar su talento) el teatro. En todo caso, en el cine, siempre pudo decir que trabajó a las órdenes de Luis Buñuel (Viridiana) y con Marco Ferreri (El cochecito), junto a su padre.


Quizás habría que citar también su intervención en la gran película de Vicente Aranda Tiempo de silencio. Voy a prescindir de enumerar las películas en las que intervino, pues fueron decenas y decenas.

Digamos, antes de cerrar este respetuoso recordatorio, que María Isbert estuvo siempre por encima de las películas que la acogieron, por muy pequeño que fuera su papel y por muy insignificante que fuera esa película.

Con el fallecimiento de María no se acaba la saga de los Isbert, pues su hijo tuvo una carrera en el cine, en principio muy prometedora, que fue perdiendo fuelle según iba dejando atrás su físico de galán de los setenta.

Como su madre, Tony Isbert encontró refugio y reconocimiento en el teatro, del que parece que también se ha apeado ya que su nombre hace tiempo que dejó de sonar.


María Isbert trabajó en el cine hasta el año 2005 en le que intervino en tres películas de las que sólo se estrenó una: Semen, una historia de amor, dirigida por Daniela Fejerman e Inés París.

2/5/11

Sopa de ganso (Cine Nostalgia)

La dictadura del caos

Una de las películas de mi vida (y me consta que la de muchos) es sin lugar a dudas Sopa de ganso (Leo McCarey/Hermanos Marx 1933). De todas las que filmaron los Marx, la mayoría de ellas geniales, Sopa de ganso puede que sea la mejor. Fue la última que rodaron bajo la marca Paramount y la última en la que todos los hermanos trabajaron juntos.

La película fue un fracaso de taquilla lo que propició la ruptura del grupo con la productora. Por suerte los acogió la Metro, aunque los nuevos estudios les obligaron a incluir en todas su posteriores películas a parejas románticas ajenas al disparatado mundo de los Marx, asegurándose así un público más convencional pero más numeroso.

Como artistas cómicos, nunca habían sido tomado muy en serio por la crítica aunque fueran comparables en su inclasificable universo a los más grandes artífices del surrealismo. Esto puede parecer exagerado pero de ellos llegó a decir el prestigioso crítico británico de la época, Patrick McKay que su arte podía comparase al de Dalí, y que, como ensayo político y armamentista, Sopa de ganso superaba la obra de Ionesco y Beckett. Quizás se pasó.

Explicar el argumento de Sopa de ganso es harto inútil ya que la película es una sucesión de secuencias, diálogos, trozos, que no aglutinan una historia comprensiblemente lógica. Rufus T. Firefly (Groucho) se erige en dictador de un pequeño país, Freedonia, arropado por la fortuna de la multimillonaria señora Teasdale (Margaret Dumont, actriz imprescindible en casi todas la películas de los Marx).

    Hay un país vecino, Sylvania, que quiere anexionarse Freedonia y su embajador contrata a Chico y a Harpo como espías infiltrados. Es la excusa para una catarata de secuencias hilarantes llenas de ingeniosos juegos de palabras, repletos de doble sentido y escenas delirantemente absurdas. Una de estas secuencias, que incluye tres sombreros (uno de Chico, otro de Harpo y un tercero de un ciudadano que vende chucherías con un carrito), en la que se forma un lío morrocotudo de cambios e intercambios de propietarios y de cabezas, ha pasado a todas las antologías del disparate y del absurdo.

En otra de tantas secuencias antológicas, Harpo se disfraza de Groucho y se cuela en la casa de la señora Teasdale con la intención de robarle las joyas. Intentando abrir la caja fuerte rompe un espejo en el momento en que el verdadero Groucho entra en la estancia mosqueado por el estrépito. Harpo se coloca detrás del espejo roto y pretende hacer creer a Groucho que él es su propio reflejo imitando todos sus movimientos

Groucho, mosqueado, intenta atraparlo en algún fallo y así corroborar sus sospechas de que hay gato encerrado en ese extraño reflejo, pero Harpo imita a la perfección todos sus movimientos. Para colmo, Chico entra a la estancia vestido también de Groucho con lo que se forma una serie de malentendidos y absurdos absolutamente disparatados, bufos y surrealistas, a cargo nada menos que de tres Grouchos.

Los diálogos de Sopa de ganso, geniales en su sarcasmo e intencionalidad, llegaron a molestar a la censura de la época como la actitud de su personaje protagonista, Rufus, absolutamente irreverente cuyo lenguaje incluía juegos de palabras, insultos y sevicias, dirigidos en todas direcciones, en especial al personaje de la señora Teasdale. Hay una indescriptible secuencia en la que hace a la dama proposiciones matrimoniales con frases como “Lo único que puedo ofrecerte es un techo” o “¿Es usted viuda?. ¿Le dejó mucho dinero su difunto marido?. Conteste primero a mi segunda pregunta”.

Puede que Sopa de ganso haya envejecido en según qué cosas, pero tiene secuencias absolutamente modernas. Hay momentos hilarantemente extravagantes, como cuando Harpo muestra una caseta con un perro tatuados en su estomago... y el perro sale de la caseta y ladra a la cámara. Desde que los hermanos Marx reinventaron la estructura de la comedia en el cine, el género nunca volvió a ser como antes.

Muchas veces nos hemos preguntado el por qué esta película se titula Sopa de ganso. Groucho lo explicaba así: “Si queremos hacer una suculenta receta de cocina, cogemos dos pavos, un pato, cuatro repollos, ningún ganso y lo mezclamos todo. Después de probarlo sólo querrás tomar sopa de ganso el resto de tu vida”. Absolutamente Groucho.

Calificación: *****

Para ver el vídeo parar el MixPod