14/8/09

Encadenados

Morir por amar

Amigos, si algunos de los que leeis el blog no habéis visto la obra maestra de Alfred Hitchcock Encadenados (Notorius!), desde ya os recomiendo buscarla y disfrutarla. Los mismo vale para quienes habiéndola visto hace ya algún tiempo, la recuerdan difusa, algo realmente difícil pues esta fascinante película es inolvidable. Aprovechando que se proyecta un ciclo del maestro del suspense en la Sede de la Universidad de mi ciudad (Alicante ¿lo he dicho ya antes?, seguro que sí), acudí a verla raudo pues, de entre las incontables obras maestras de aquél señor gordito que martirizaba a toda rubia que se atreviera a rodar con él, Encadenados está en uno de los primeros puestos de mis preferidas. Vista ahora está tan fresca y seductora como lo estuviera en el año de su estreno.

Hichcock solía decir que siempre se servía de un pretexto (macguffin lo llamaba) para desarrollar agusto cuestiones laterales de la trama central. Aquí se trata de desenmascarar a una organización nazi asentada en Río de Janeiro tras la desbandada obligada al acabar la segunda guerra mundial. El Servicio de Inteligencia americano se empeña en introducir a una espía en el corazón de la organización y la mucha elegida, una Ingrid Berman sublime y muy bella, ha de sacrificarse sin concesiones a cambio de una contraprestación del gobierno americano que voy a obviar. Con todo, donde más atención se pone es describir una maravillosa historia de amor entre esa muchacha y el agente encargado de velar por su seguridad en la sombra, un Cary Grant tan seductor como era capaz de serlo en los años cuarenta en cualquier película que interviniera.

Encadenados combina de forma magistral, insuperable, aventura, drama, amor fou (o casi), historia, intriga y suspense. Mucho suspense. El suspense está en todas y cada una de las secuencias alcanzando el paroxismo en momentos como la fiesta del grupo nazi en las que Bergman y Grant tienen que encontrar algo -que no saben qué es-, en la bodega del sótano de la casa y, sobretodo en el tramo final en el que una Ingrid Bergman secuestrada en su propia casa tiene que escapar en los últimos momentos de una muerte a le que ha sido sentenciada por su propia “familia”.

Es muy difícil describir la sutileza y la elegancia con que vamos siendo atrapados por la historia que se nos cuenta, la maestría con que Hitchcock nos conduce por los meandros de la intriga, el miedo, el suspense... que llega a cortarnos la respiración y hacernos exclamar interjecciones que se nos escapan sin darnos cuentas de tanto que logra involucrarnos en esta tremenda aventura de dos enamorados. Porque en el fondo, Encadenados es un historia de amor sublime pese a que ésta cuestión es realmente secundaria en el guión.
Citar momentos estelares en ésta impresionante película es tarea ardua pues toda ella es un momento estelar en la que todos están en estado de gracia, desde los actores al equipo técnico (la fotografía de Ted Tetzlaff, director de la insólita y hichcockiana película La ventana (1.949), de la que hablaré un día de éstos, es clave para recrear todo el insoportable suspense de Encadenados) o quizás es un director en estado de santidad el que contagia y provoca esa cualidad a un equipo de notables profesionales que sólo necesitaban ser espoleados por un genio,el gran Alfred Hitchcock. Una pelicula cuya visión es imprescindible para todo aficionado.
Calificación: *****

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