20/9/09

Irina Palm

Codo de pajillera

"A ver qué me sale ahora por el agujerito éste"

Ver una película como Irina Palm puede dejarte noqueado en más de un aspecto. Vaya por delante que, para nada, uno alimenta el más mínimo prejuicio ni condicionamiento de tipo moral o ético. Si acaso, me puedo sorprender todavía, ¡qué sorpresa!, al toparme con hechos o personas que me sorprenden, de los que nunca esperaría alguna cosa que me sorprendiera. Creo que estoy diciendo perogrulladas.
La Faithfull, en tiempos remotos
Viene esto a cuento de Marianne Faithfull, actriz, cantante, ye yé en los 70, de la que todos sabemos que fue musa de algunos de los artistas más influyentes de finales de aquellos años y que estuvo casada con ese mito imperecedero del rock que es Mike Jagger, aun incombustible. La sorpresa en Irina Palm surge por varios flancos: el primero, la que nos depara una Faithfull renacida, que nada tiene que ver con lo que fue, y que surge desde los abismos de los que creíamos que nunca más saldría. Es verdad que la hemos visto en cine, en cameos más o menos fugaces, en París, te amo y en María Antonieta. Nos dijimos más o menos: “¡anda!, pero si es la Faithfull, ¿no estaba en las cloacas del vicio y acuciada por la enfermedad?, ¿todavía sigue viva? Sí, es ella pero… pobrecita…”. De pobrecita, nada. Aquí está pletórica, vivísima, hermosa en su madurez y derrochando una belleza interior reflejada en una mirada y en una actitud vital que va más allá del personaje que interpreta, para parecer ser ella misma. Irina Palm conmueve principalmente por ella y por su trabajo. Irina Palm nos devuelve a una Marianne Faithfull que nunca creímos que íbamos a reconocer: que se quede por mucho tiempo en el mundo del cine.
"¡Chitón!. Ni se te ocurra decir dónde trabajo"

En Irina Palm estamos ante una película que sin ella hubiera pasado bastante desapercibida, pues el cine inglés ya nos ha hablado lo suficiente de la doble moral, de las dificultades de las clases proletarias, de las consecuencias de la política liberal en los trabajadores de base (Ken Loach, Mike Leigh, Danny Boyle, Peter Cataneo…), e Irina Palm habla de todo eso y lo hace con propiedad pero sin la complejidad y la fuerza de, por ejemplo, Lady Byrd, Lady Byrd, El secreto de Vera Drake, Trainspotting o Full Monty… obras emblemáticas de los anteriormente citados. "¡Menuda cola!. Esta noche se me disloca el codo otra vez".

La otra sorpresa de la película viene desde su temática, ciertamente insólita. Una sesentona ama de casa adocenada, desesperada por reunir dinero para un tratamiento médico que necesita su nieto, se coloca de pajillera en un antro del Soho londinense. Sí: de pajillera. Su edad no tiene demasiada importancia para tan peculiar trabajo, pues, debido a las peculiaridades en la forma de realizarlo, lo relevante para llevarlo a cabo es la habilidad de las manos. Por la peli me entero que un agujero en una pared por el que introducir el pene para que sea masajeado por manos anónimas se llama “glory hole”. Pues esta mujer anónima (bueno, exactamente, sus manos), lleva la gloria a los que utilizan ese agujerito glorioso que parece que existe en todos lo sexy club que se precien de serlo. Como toda estrella que triunfa, Irina tiene que buscarse un nombre artístico, y eso la convierte en Irina Palm (lo de Palm es un homenaje a Palma de Mallorca (atención, Rossy, que te copian…) y lo que en un principio creía que iba a denigrarla, acaba por reconciliarla consigo misma al descubrir practicando tal actividad que hay vida, mucha vida, más allá del té de las cinco con unas amigas engreídas que la minusvaloran por su insignificancia aparente. El final, tipo Cenicienta encuentra Príncipe, fueron felices y comieron perdices, devalúa bastante las intenciones de la película, en principio demoledoras, describiendo las hipocresías sociales, ya que la película, que en sí misma, contiene bastantes limitaciones y su denuncia acaba siendo de muy corto alcance.
"¡Las cosas que hay que ver por un agujero!"

Y, al margen de mis opiniones meramente cinematográficas, me permito algunos razonamientos que me asaltaban viendo la película. Ejem… ahí va: Si yo me quedara sin trabajo y tuviera que hacer lo que fuera para sobrevivir ¿me podría colocar en un “glory hole"?. Si sólo se necesitan unas manos expertas ya que no se ve nada detrás del agujerito… Y: ¿hay “glorys holes” para damas? En ese caso ¿qué hay que utilizar para complacerlas? Más: teniendo en cuenta que Irina Palm acaba padeciendo una dolencia profesional debido a su intenso trabajo llamada coloquialmente “codo de pajillera”, ¿cómo se llama la dolencia profesional de los que practican el “glory hole” para señoras? En fin… qué analfabetos somos algunos con lo que respecta a determinadas profesiones.

P.D: Creo que me encuentro excesivamente gracioso. Pido disculpas a quienes no transijan con mis reflexiones más bien tontas.

Calificación: ***

4 comentarios:

  1. Hola amigo Scotty!

    Esta no la vi, pero muy muy buena la reseña ;)

    Te invito a que te pases a opinar en mi nueva crítica, sobre Los Extraños.

    Saludos!!! Te espero!

    PM

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  2. Voy "pa llá"! amigo Palitoh ;))

    Saludos...

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  3. Vi hace poco esta película y me pareció muy divertida; aunque es verdad que no se diferencia en esencia del reciente "cine social" británico, lo peculiar del trabajo de la protagonista da mucho juego. Por otra parte, estoy de acuerdo contigo en que resulta maravilloso reencontrarse con la mítica Marianne Faithfull renacida de sus cenizas.

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