12/8/09

Savage Grace

Queridísimo hijo

Creo que una película tan atípica como Savage Grace merece la atención del cinéfilo español, pese a que, vaya por delante, su interés estrictamente cinematográfico es irrelevante. Irrelevante no es despreciable y, pese a que resulte notoriamente fallida, ofrece algun puntos de interés.

Estamos ante una coproducción entre Reino Unido/Alemania/España y su director e intérprete principal son estadounidenses. Y la protagonista no es cualquiera: nada menos que Julianne Moore, para el que esto escribe, nada dado a las mitificaciones, una de las pocas intérpretes que por sí mismas incitan a ver una película. No sólo Julianne Moore me mueve a priori a visionarla, además, varios de sus protagonistas principales son españoles. El argumento resulta también muy atrayente y pica la curiosidad comprobar qué se ha hecho con un caso real que conmocionó a la Europa post mayo del 68. Aquí, la máxima “haz el amor y no la guerra” es llevada hasta extremos realmente perturbadores. Incluso para años tan aperturistas como aquéllos.

Libertad sexual, incesto, homosexualidad y crimen son demasiados ingredientes para un cóctel que necesitaba como barman a un auténtico maestro de las medidas y ni siquiera con la base de que lo que vemos es algo que de verdad ocurrió, acabamos de creérnoslo del todo. Por aquellos años un director francés escandalizaba con una película que también abordaba el incesto. Louis Malle firmó la –ésta sí- perturbadora El soplo en el corazón donde una madre iniciaba en el sexo a su propio hijo adolescente. Hoy, el caso real que nos cuenta Savage Grace necesitaba algo más que que quedarse en la mera ilustración.

Pese a estar narrada con elegancia y contención, Savage Grace no llega a apasionar y en más de una ocasión se hace redundante y monótona. El trabajo de Julianne Moore es lo que eleva a la película de una medianía general decepcionante y, como decía, para nosotros los españoles queda un interés añadido: ver a Belén Rueda en un papel de burguesa anodina que no aportará nada a su carrera por mucho que se codee con Julianne Moore; ver a Unax Ugalde de “hippy” abierto a
todas las experiencias de rigor en la época -sexo indiscriminado, drogas…- con la pinta típica y tópica del español de postal; ver a Elena Anaya birlando el marido a Julianne Moore… Y ver el Cadaqués de aquéllos años, nido y refugio de bohemios y artistas, sin que se haga referencia alguna (¡…!) al gran bohemio y gran artista del momento en dicho puerto, nada menos que el grandísimo Salvador Dalí.

Calificación:
*

11/8/09

Eskalofrío

Photofobia

Eskalofrío (atención a esa “k”, reveladora de a qué público se quiere atraer) es una decepcionante película de terror cuyo mayor fallo es, como casi siempre, lo poco elaborado de un guión que no atiende debidamente a la lógica de lo que va aconteciendo. Y eso que está firmado por cuatro o cinco guionistas entre los que se encuentra, además del director, el crítico de Fotogramas Antonio Trashorras. No tenía que ser una garantía, desde luego, ya que las
críticas de Fotogramas son de lo más insustancial -las del Sr. Trashorras, a la cabeza-. Lo que empieza prometiendo una más que sugerente historia de hombres lobo o “seres de la noche” (es lo que se intuye) deriva en una vulgar historia criminal con leves ínfulas sobrenaturales que se diluyen en la nada. Para colmo, tampoco funciona en su lectura realista por culpa de arbitrariedades de guión no justificadas o directamente estúpidas. Veamos: hay un “ser” en un bosque que resulta que lleva años desaparecido, pero que está igualito que el día que dejaron de verlo en cuanto a edad; un pueblecito de 300 habitantes perdido en las espesuras de una cordillera umbría e impenetrable, tiene a unos pasos un orfanato de niños desquiciados, que está “a tope”… No sigo, para que no se me acuse de destripar el argumento, si es que no lo he hecho ya.

La película acaba fracasando por culpa, no ya de las arbitrariedades que acumula, si no principalmente porque quiere nadar entre las aguas del fantástico en una historia que acaba siendo eminentemente realista. Y decepciona porque no es ni una cosa ni la otra y si queremos buscar algo positivo lo encontraremos en secuencias aisladas que consiguen cierto clima, pero que hay que mirarlas sin juzgarlas en su conjunto. La falta de presupuesto y la insignificancia de casi todo el grupo actoral no ayudan a evaluar de forma positiva ésta decepcionante película de la que podía haberse esperado bastante más al estar firmada por Isidro Ortiz, el de Fausto 5.0, responsable además de una estimable tv movie basada en un hecho real acontecido en Barcelona hace muy pocos años, y que se llama El asesino del parking, con un estupendo Fele Martínez.

Calificación: *

10/8/09

En un mundo libre...

Esclavos de la globalización

Cada película de Ken Loach se convierte en un acontecimiento para el aficionado al cine (sus películas contienen contundentes mensajes servidos con escueta y pura caligrafía fílmica), pero especialmente para el interesado en el cine social y político a la europea. A la europea, pues no sólo se ocupa de los problemas que atenazan a la ciudadanía británica, su país, si no que su dedo acusador apunta en todas las direcciones del mapa del viejo continente, convertido en las últimas décadas en el nuevo El Dorado al que acuden en oleada tantas y tantas desesperadas víctimas de la globalización y del libre comercio en busca de su lugar en el sol. Muchos, demasiados, se quedan helados bajo tanto frío social y político y la miseria y la explotación en la tierra de acogida son sus únicos logros. La crisis económica actual no hace si no ahogarlos todavía más con la enésima vuelta de tuerca a su indefensión y vulnerabilidad.

En En un mundo libre… asistimos a la conversión de una potencial víctima del capitalismo feroz y de la libre empresa (una empleada británica víctima de las condiciones laborales de precariedad y explotación que, respaldados por la ley, dan carta blanca a empresarios y contratadores para utilizar a los trabajadores como mera mercancía) que se decide a cambiar de bando y, parafraseando a Groucho, apuntarse a la parte contratante de la primera parte. Aprovechando sus conocimientos sobre los tejemanejes en las contrataciones fraudulentas de inmigrantes, decide ser ella misma la que contrate clandestinamente a estos trabajadores y reclutarlos para empresarios poco escrupulosos con la legalidad. Tendrá que sortear más de un obstáculo y se llevará por delante principios y ética y pondrá en peligro su integridad y la de su familia, pero en un mundo libre donde impera la ley del más fuerte, no la va a detener ni el amor a la familia ni el culto a la amistad. Está convencida de que en un mundo libre el triunfo social y el dinero es lo primero. Por desgracia muchos podemos creer que tiene razón.

El dúo Paul Laverty guionista, y Ken Loach director, vuelven a impresionarnos con su enorme capacidad para ponernos ante el espejo de la sociedad en que vivimos y para hacernos pensar que nosotros formamos parte de ella, bien como parte activa o bien como parte pasiva, pero que ahí estamos y que después de vernos reflejados, allá nosotros. Despojando la narración de cualquier concesión al sentimentalismo, retratando la realidad desnuda de todo artificio, sin encuadres idealistas o embellecedores, convenciéndonos de que las cosas son así, como las enseña porque así son como las vemos una vez salimos del cine y miramos a nuestro alrededor.

Habrá quien pueda tachar -
-de hecho lo hacen- a éste irrepetible dúo de cineastas de panfletarios, comunistas, parciales, etc.…, pero evidentemente cualquiera puede intuir de dónde pueden venir las críticas en este sentido. La capacidad para hacer un cine de características sociales y de denuncia con un potentísimo estilo narrativo conciso y directo como un puñetazo al estómago. Es la marca de la casa Paul Laverty/Ken Loach, dos cineastas
únicos, necesarios e imprescindibles en la cinematografía europea y en la cinematografía mundial.

Calificación: ***

1/8/09

Mi vida en ruinas

Alegres vacaciones
Cuando escribo ésta entrada aun no se ha estrenado comercialmente Mi vida en ruinas, ya que lo hará el día 7 de agosto en toda España. Pero la película se proyectó anteayer, 30 de Julio, en Alicante. Es así porque el rodaje de la misma se llevó a cabo -en más de un cincuenta por ciento- en esta ciudad; en sus calles, en ciertos establecimientos, en los estudios Ciudad de la Luz y en bastantes localizaciones de la provincia. Fue un preestreno sin demasiado glamur pese a la presencia de parte del equipo técnico y de dos de sus intérpretes secundarias, las españolas María Adánez y María Botto. Por allí andaban también rostros muy conocidos como los de Goya Toledo o Mónica Cruz, pero no parece que el conjunto levantara demasiada expectación. El hecho que vaya siendo cotidiano prestrenar en Alicante casi todo lo que por aquí se rueda (con el boato inherente) quita parte del interés popular por acudir a ver rostros famosos a la entrada o salida del cine Navas, sede las proyecciones. Quizás hubiera hecho falta la presencia de los protagonistas, el antaño famosísimo Richard Dreyfuss y la greco-americana, Nia Vardalos, verdaderamente popular con una sola película, Mi gran boda griega, de la que Mi vida en ruinas puede considerarse una continuación.
Donald Petrie (director) y Nía Vardalos, se quedan así tras visonar en el monitor la toma que acaban de rodar.

La película da justamente lo que pretendía ofrecer y se esperaba de ella: las nuevas aventuras de Toula, el personaje de Nía Vardalos, que, pasado un tiempo desde su divorcio, se pone a trabajar de guía turístico en Grecia, su país de origen. Allí volverá a encontrar de nuevo la ilusión en la persona de un compañero de trabajo, en principio absolutamente antagónico, que le hará recupera el interés por el sexo y las relaciones de pareja. Ese recorrido personal es paralelo a las variopintas aventuras del grupo de turistas que lleva a su cargo y que, como no podía ser de otra forma, nos hacen visitar las ruinas de la antigua Grecia dando de paso un repaso amable, con ciertos toques sentimentales y positivistas, a lo que se considera lo genuinamente griego en cuanto a su forma de ser y costumbres. Los personajes principales están correctamente definidos y Nía Vardalos encantadora, tal y como ella demostró ser en persona durante las semanas de rodaje que pasó en España, algo que un servidor tuvo el placer de comprobar.

Por supuesto abundan en la película todos los tópicos habidos y por haber sobre Grecia, y la visión amable y descafeinada que se hace de las gentes y sus costumbres se hace con verdero respeto y gran encanto lo que se acompaña con luminosas y espectaculares vistas de las costas griegas que… ¡han sido rodadas en Alicante! Las escenas que transcurren en las ruinas de la Grecia antigua claro que son rodadas allí, pero no el resto de los paisajes que son alicantinos, pero que, como podemos comprobar, son absolutamente intercambiables con los griegos a lo que ayuda muchísimo un trabajo de ambientación realmente logrado.

Llama la atención que se pretenda atraer al público estableciendo un sutil paralelismo con las exitosa Mamma Mía! de la pasa temporada, patente en la elaboración del cartel de la película. Pero que nadie se lleve a engaño pese a que, después de todo, el espíritu y la visión que de Grecia ofrecen ambas películas es muy parecido, como parecida es la elaboración visual (paisajística y humana) del país en ambas.

















En definitiva, una película intrascendente pero que se ve con agrado. Y no es descabellado que llegue a ser un éxito de público notable por la simpatía del conjunto y la belleza y luminosidad de la fotografía que retrata un paisaje alicantino... auténticamente griego.

Calificación: *