
Entrelobos lleva camino de ser la película sorpresa de la temporada, el sleeper del cine español del año en una cartelera dominada por las producciones americanas y en la que nuestras películas, excepto en muy raras ocasiones, pasan sin pena ni gloria o, como mucho, cumpliendo el expediente, sin más.

Gerardo Olivares, director, entre un grupo de actores de Entrelobos.
Entrelobos está creciendo gracias al boca a boca de los espectadores, después de que fuera estrenada sin demasiadas esperanzas de que aguantara en cartel más allá del par de semanas reglamentarias, la media para una película de sus características.

Gracias, Sol, por este nuevo día.
En principio poco podía esperase de esta modesta producción hispano alemana. O quizás habría que decir andaluza, ya que el guionista y directores andaluz, se ha basado en unos hechos reales acaecidos en los años cincuenta en su tierra, Córdoba y la película está financiada por la Junta de Andalucía y otros organismos comunitarios. La aportación germana se me antoja casi testimonial.

Los futuros amigos en fase de reconocimiento.
Estamos en los años cincuenta, en pleno apogeo del franquismo y en el punto álgido del ejercicio de poder y de sometimiento que las fuerzas vivas de la región, los terratenientes, ejercen sobre la población campesina, a la que trata como verdaderos esclavos. La sombra de la guerra civil como coartada y justificación para que los vencedores sometan a los míseros labradores a su servicio en calidad de amos y explotados.

El Mowgly de Sierra Morena, más asustado del objetivo focal que de las alimañas.
En este contexto, un chiquillo de siete años es entregado por su padre (pastor de un rebaño de cabras al que los lobos han diezmado en un ataque que no pudo evitar), al dueño de los animales que él pastorea, el clásico “señorito” al que el campesino sirve en unas condiciones absolutamente medievales. La entrega del hijo al “amo” es el pago que tiene que satisfacer por no haber sabido evitar el ataque de los lobos y por no puede abonar con su sueldo el precio de las reses muertas.

Sancho Gracia es ahora un insignificante supervivente en los mismos parajes donde fue rey y señor en la piel de Curro Jiménez.
El chiquillo será enviado a lo más profundo de la sierra como ayudante de un viejo cabrero que ya empieza a dar síntomas de incompetencia. Tendrá que sustituirlo cuando este fallezca y de él tendrá que aprender los secretos de la propia supervivencia y del cuidado de los animales. El fallecimiento prematuro del viejo pastor lo dejará a merced de la naturaleza, en donde no tendrá más remedio que intentar sobrevivir.


Revelador punto de vista de la cámara sobre el concepto de víctima y verdugo.
La película no incide de manera determinante en ninguna de las jugosas cuestiones que va apuntando a lo largo de su metraje y no se detiene en, por ejemplo, en denunciar las condiciones de vida en la Andalucía rural de aquellos años, ni en la lucha de los últimos maquis de Sierra Morena por mantenerse a salvo del acoso de la Guardia Civil franquista, ni en ahondar en el drama de los desheredados del campo por su doble condición de pobres y analfabetos, sometidos a la voluntad de los terratenientes (como ocurría en la estremecedora Los santos inocentes), ni en la descripción minuciosa del ejercicio de la supervivencia en contraposición la hostilidad de la salvaje Naturaleza, ni en la fabulosa historia de amistad entre hombre y bestias… aunque todo ello está en la película.

Lobo, otenado la amenaza hunana que cierne sobre él.
Entrelobos los integra en su argumento y posa su mirada nada desatenta sobre estos temas, pero lo hace desde la discreción, sin incidir en ninguna de las cuestiones apuntadas, sino que todas sirven para cohesionar una historia de crecimiento personal, de aprendizaje de la vida y de lo que es capaz la naturaleza humana en contacto con la otra naturaleza, la que se escribe con mayúsculas, para resistir y adaptarse. Entrelobos nos cuenta un hecho real que supera cualquier fábula y su moraleja es tan hondamente filosófica como las que nos dejaron escritas los grandes autores del género. Acabar concluyendo que el hombre puede ser el animal más peligroso para el hombre, viene rodado.

Manuel Camacho es el verdadero actor protagonista de Entrelobos
Entrelobos está narrada casi como un susurro y transcurre a lo largo de su metraje pausada y plácidamente, impregnada de un halo de poética autenticidad donde la Naturaleza es la otra protagonista. Las aventuras de este entrañable Mowgly de Sierra Morena transcurren por el metraje discretamente, entre pincelada y pincelada de aleccionadoras resoluciones en sus enfrentamientos a las condiciones más adversas de la Naturaleza, de su integración en la “gran familia” que habita la serranía, de las lecciones de solidaridad, amistad y compañerismo que encuentra en semejante entorno y que nunca vislumbró en su breve estancia entre humanos.

Este hombre es Marcos Rodríguez Pantoja. Su aventura real es la que se narra en Entrelobos.
Entrelobos es una película que toca nuestras fibras más sensibles sin violentarnos a pesar de que el material que maneja daba para ciertos excesos. La mesura y la contención no le restan un ápice de veracidad y son al final un aliado fundamental para que salgamos del cine pensando que hemos estado contemplando un retazo de auténtica realidad, con la sensación de que las fábulas y los cuentos infantiles tienen como base la propia experiencia vital de tantas y tantas personas, vividas a lo largo de toda la historia del hombre en su interrelación con la naturaleza.

Marcos Rodríguez Pantoja tiene un cameo en la película
Entrelobos es una aparentemente pequeña película que se hace grande en el recuerdo y a la que le deseo no sólo el éxito de público que está obteniendo, sino que también sea reconocida por la Academia del Cine Español, en los próximos premios Goya, como una de las sorpresas del año a tener muy en cuenta.
Calificación: ***







