20/12/10

Entrelobos

Hermano Lobo

Entrelobos lleva camino de ser la película sorpresa de la temporada, el sleeper del cine español del año en una cartelera dominada por las producciones americanas y en la que nuestras películas, excepto en muy raras ocasiones, pasan sin pena ni gloria o, como mucho, cumpliendo el expediente, sin más.

Gerardo Olivares, director, entre un grupo de actores de Entrelobos.

Entrelobos está creciendo gracias al boca a boca de los espectadores, después de que fuera estrenada sin demasiadas esperanzas de que aguantara en cartel más allá del par de semanas reglamentarias, la media para una película de sus características.

Gracias, Sol, por este nuevo día.

En principio poco podía esperase de esta modesta producción hispano alemana. O quizás habría que decir andaluza, ya que el guionista y directores andaluz, se ha basado en unos hechos reales acaecidos en los años cincuenta en su tierra, Córdoba y la película está financiada por la Junta de Andalucía y otros organismos comunitarios. La aportación germana se me antoja casi testimonial.

Los futuros amigos en fase de reconocimiento.

Estamos en los años cincuenta, en pleno apogeo del franquismo y en el punto álgido del ejercicio de poder y de sometimiento que las fuerzas vivas de la región, los terratenientes, ejercen sobre la población campesina, a la que trata como verdaderos esclavos. La sombra de la guerra civil como coartada y justificación para que los vencedores sometan a los míseros labradores a su servicio en calidad de amos y explotados.

El Mowgly de Sierra Morena, más asustado del objetivo focal que de las alimañas.

En este contexto, un chiquillo de siete años es entregado por su padre (pastor de un rebaño de cabras al que los lobos han diezmado en un ataque que no pudo evitar), al dueño de los animales que él pastorea, el clásico “señorito” al que el campesino sirve en unas condiciones absolutamente medievales. La entrega del hijo al “amo” es el pago que tiene que satisfacer por no haber sabido evitar el ataque de los lobos y por no puede abonar con su sueldo el precio de las reses muertas.

Sancho Gracia es ahora un insignificante supervivente en los mismos parajes donde fue rey y señor en la piel de Curro Jiménez.

El chiquillo será enviado a lo más profundo de la sierra como ayudante de un viejo cabrero que ya empieza a dar síntomas de incompetencia. Tendrá que sustituirlo cuando este fallezca y de él tendrá que aprender los secretos de la propia supervivencia y del cuidado de los animales. El fallecimiento prematuro del viejo pastor lo dejará a merced de la naturaleza, en donde no tendrá más remedio que intentar sobrevivir.

"Lo que usted mande, señorito"

Su gran suerte es la amistad que entabla con un cachorro de lobo, que le sirve para ganarse el respeto de la manada y, gracias a ello, poder sobrevivir ayudado por las enseñanzas que pudo obtener del viejo pastor en su breve convivencia con él. Como vemos, un argumento que puede remitir a películas como El pequeño salvaje, de François Trutffaut o El enigma de Gaspar Hauser, de Werner Herzog, sin olvidarnos de las reminiscencias que también podamos encontrar con la también herzogniana Grizly Man.

Revelador punto de vista de la cámara sobre el concepto de víctima y verdugo.

La película no incide de manera determinante en ninguna de las jugosas cuestiones que va apuntando a lo largo de su metraje y no se detiene en, por ejemplo, en denunciar las condiciones de vida en la Andalucía rural de aquellos años, ni en la lucha de los últimos maquis de Sierra Morena por mantenerse a salvo del acoso de la Guardia Civil franquista, ni en ahondar en el drama de los desheredados del campo por su doble condición de pobres y analfabetos, sometidos a la voluntad de los terratenientes (como ocurría en la estremecedora Los santos inocentes), ni en la descripción minuciosa del ejercicio de la supervivencia en contraposición la hostilidad de la salvaje Naturaleza, ni en la fabulosa historia de amistad entre hombre y bestias… aunque todo ello está en la película.

Lobo, otenado la amenaza hunana que cierne sobre él.

Entrelobos los integra en su argumento y posa su mirada nada desatenta sobre estos temas, pero lo hace desde la discreción, sin incidir en ninguna de las cuestiones apuntadas, sino que todas sirven para cohesionar una historia de crecimiento personal, de aprendizaje de la vida y de lo que es capaz la naturaleza humana en contacto con la otra naturaleza, la que se escribe con mayúsculas, para resistir y adaptarse. Entrelobos nos cuenta un hecho real que supera cualquier fábula y su moraleja es tan hondamente filosófica como las que nos dejaron escritas los grandes autores del género. Acabar concluyendo que el hombre puede ser el animal más peligroso para el hombre, viene rodado.

Manuel Camacho es el verdadero actor protagonista de Entrelobos

Entrelobos está narrada casi como un susurro y transcurre a lo largo de su metraje pausada y plácidamente, impregnada de un halo de poética autenticidad donde la Naturaleza es la otra protagonista. Las aventuras de este entrañable Mowgly de Sierra Morena transcurren por el metraje discretamente, entre pincelada y pincelada de aleccionadoras resoluciones en sus enfrentamientos a las condiciones más adversas de la Naturaleza, de su integración en la “gran familia” que habita la serranía, de las lecciones de solidaridad, amistad y compañerismo que encuentra en semejante entorno y que nunca vislumbró en su breve estancia entre humanos.

Este hombre es Marcos Rodríguez Pantoja. Su aventura real es la que se narra en Entrelobos.

Entrelobos es una película que toca nuestras fibras más sensibles sin violentarnos a pesar de que el material que maneja daba para ciertos excesos. La mesura y la contención no le restan un ápice de veracidad y son al final un aliado fundamental para que salgamos del cine pensando que hemos estado contemplando un retazo de auténtica realidad, con la sensación de que las fábulas y los cuentos infantiles tienen como base la propia experiencia vital de tantas y tantas personas, vividas a lo largo de toda la historia del hombre en su interrelación con la naturaleza.

Marcos Rodríguez Pantoja tiene un cameo en la película

Entrelobos es una aparentemente pequeña película que se hace grande en el recuerdo y a la que le deseo no sólo el éxito de público que está obteniendo, sino que también sea reconocida por la Academia del Cine Español, en los próximos premios Goya, como una de las sorpresas del año a tener muy en cuenta.

Calificación: ***

17/12/10

El día de la Bestia (Pedazo de Cartel VIII)


Cartel Fin de Semana

¿Al cartel de qué película pertenece este "pedazo de cartel"?

Enhorabuena a: Anele, Athena, Anro, Cine Club Hexágono-Nájera,Crowley, David, Edu, Lázaro, Mr. Lombreeze, Ohoru, Pepe Cahiers, Ricard. Rick Blaine, Yamete News, Yosonico.

Feliz Navidad a todos!!

Para ver el vídeo parar el MixPod

13/12/10

Balada triste de trompeta


La parada de los monstruos

Ver una película como Balada triste de trompeta es como dar un paseo por un recinto ferial con el ánimo de subirse a un tiovivo con los frenos desbocados, viajar en el tren de la bruja, entrar al túnel de los horrores, asistir a una excitante representación circense, pasear entre el bullicio volando globos de colores, comiendo manzanas confitadas rojo sangre o saboreando algodón de azúcar, y acabar la jornada exhausto de sensaciones estimulantes, borracho de emociones, espoleado en tus sentidos y en tus instintos, abandonado al embeleso que producen todos esos descubrimientos excitantes de nuestra infancia.


En definitiva, Balada triste de trompeta, consigue que olvidemos durante dos horas nuestros prejuicios, toda compostura, cualquier ortodoxia mental y nos convirtamos en espectadores ávidos de emociones transgresoras, consumidores complacidos y cómplices de esa extraña droga alucinógena, liberadora de los instintos, que es esta insólita película, que consigue desatar nuestra naturaleza más primaria y convencernos de que disfrutemos sin complejos de esa catarata de imágenes excitantemente provocadoras por las que nos precipita la película haciéndonos, voluntaria o involuntariamente, cómplices de un juego descarnadamente sádico.La metáfora de los párrafos anteriores puede que ni siquiera lo sea, pues en Balada triste de trompeta, parte de todo lo que describen, ocurre. Los personajes de esta demencial y desmadrada historia lo componen la troupe de un circo de poca monta que sobrevive en las postrimerías del franquismo. Ellos mismos y sus aventuras conforman una insólita alegoría (ahora sí) de lo que fueron aquellos años de dictadura. Balada triste de trompeta transcurre en los estertores de la España de Franco, los primeros años setenta, pero deja clara -en un prólogo de concepción antológica, en sí mismo un repaso alucinante a esos cuarenta años de nuestra historia-, la estela negra y oscura de represión, de paz secuestrada, de violencia institucional y de sometimiento, vividos por la mitad este país tras el alzamiento militar de 1936.


Casi cuatro décadas de libertad condicional, que fue caldo de cultivo propicio donde incubar tanta violencia reprimida, tanto patetismo y tanta miseria como los que dominan a estos personajes deformes, frutos y consecuencia de aquella represión, que acaban estallando. Personajes deformes, en todos los sentidos, cuya desmesura encuentra su espacio ideal de representación en esta simbólica familia circense, autentica “parada de los monstruos”, con trapecista perversa incluída, en una referencia subliminal quizás demasiado sutil a la obra maestra de Tod Browning.


Álex de la Iglesia no utiliza este drama histórico para el discurso solemne, que es lo que hubiera hecho cualquier otro director más circunspecto, sino que lo integra en su universo más reconocible, el “frikismo” que domina casi toda su filmografía (la excepción sería Los crímenes de Oxford), y construye un auténtico espectáculo de feria (con la carpa circense de fondo) en el que hace un durísimo ajuste de cuentas a los cuarenta años de dictadura. El payaso triste, cuando decide desatar sus instintos más salvajes, se atrinchera en una sacristía, se flagela la carne hasta convertirse en monstruo, y se confecciona un traje grotesco con túnicas religiosas, y ropajes y armas militares, como si sólo pudiera dar rienda suelta a tanta violencia reciclando la estética, metíendose en la piel de quienes se la han inculcado y mostrarse plenamente como la bestia en que lo han convertido. Puro esperpento que es lo que, en definitiva, acaba siendo esta película sorprendente.


Balada triste de trompeta es un festín visual de lo grotesco que pervierte nuestros sentidos y nos arrastra a disfrutarlo. En el que la tragedia de los personajes, de lo que simbolizan, se transmuta en un risible patetismo, en un extravagante espectáculo para nuestra diversión, en un siniestro carnaval de cuerpos y almas. “Tiemble después de haber reído”, según la frase célebre de la mítica revista de humor “La codorniz”. O tiemble mientras ríe, precisando más lo que supone ver Balada triste de trompeta, una película insólita, de un descaro y de un atrevimiento que sólo un director muy seguro de sí mismo, o muy inconsciente, se atrevería a rodar sin temor al ridículo y al fracaso.


Alex de la Iglesia se olvida de la mesura y como ese niño travieso que es, o como le conocemos, se monta a lo grande su feria particular donde los excesos de todo tipo son virtud y acaban ganando al espectador que no puede hacer otra cosa que entrar en el juego, apabullado por la catarata de hallazgos y situaciones insólitas, chocantes, divertidas, que consiguen que nos olvidemos (o no tanto) del terrible dilema de fondo, de una historia y de unos personajes amargos, violentos, despechados... tristes, dignos de compasión. Nos entreguemos, sin ataduras, al juego sádico/masoquista de reírnos con ellos y disfrutar con sus miserias, desdramatizando la tragedia de fondo, haciendo catarsis del horror que es, en definitiva, es lo que la película nos propone.


Balada triste de trompeta me recuerda mucho, demasiado, a la celebradísima película de Tarantino Malditos bastardos. Habría que preguntarle a Álex de la Iglesia hasta qué punto no se ha inspirado en ella y el por qué, según se cuenta, Quentin Tarantino es un rendido incondicional de la película y de Álex de la Iglesia. No es, ni mucho menos, un reproche a las fuentes de inspiración de Balada triste de trompeta,ni echarle en cara al director que detrás de su trabajo haya otros modelos ya que, personalmente, me quedo con la película de Álex de la Iglesia, que se diferencia de la de Tarantino en algo fundamental: Malditos bastardos estaba exenta de la más mínima carga crítica, o reflexiva, sobre la brutalidad del nazismo al que parodiaba, del que sólo le interesaba hacer espectáculo.

Álex de la Iglesia torpedea de forma inmisericorde al franquismo y lo dinamita de forma feroz, igual que intenta hacer el personaje principal, el “payaso triste”, interpretado por un sorprendente y patético Carlos Areces, con la bomba, simple petardo para tan grandioso entramado, que hace estallar en las entrañas mismas del Valle de los Caídos, ese macabro monumentoa al horror, como es descrito por Alex de la Iglesia cuando aventura a sus personajes por entre sus entrañas empedradas de calaveras, o los encarama al vértigo de sus celastiales alturas, en una sensacional secuencia “marca de la casa”, como las que ya nos ofreció en El día de la bestia o La comunidad., sus dos mejores películas hasta la llegada de Balada triste de trompeta, una película que va a arrasar en los premios Goya, si no lo impide el hecho de que su director sea precisamente el presidente de la Academia y los académicos se sientan condicionados a la hora de votarla.

Calificación: ****

(fotos cedidas por la productora para la prensa)

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Rueda de prensa y presentación de la película, en Alicante


Balada triste de trompeta tuvo su estreno oficial en Alicante, a nivel mundial, el pasado día 9. En la,rueda de prensa que el equipo de la película ofreció a los medios de comunicación estuvieron presentes el director, Álex de la Iglesia, los productores Gerardo Herrero y Mariela Besuievsky y los actores Carolina Bang, Antonio de la Torre, Fernando Guillén Cuervo y Ramón Tallafé.

Álex de la Iglesia incidió en que lo que había querido contar en esta película era una historia sobre las dos Españas, pero, principalmente, una historia de amor y que el sentimiento más poderoso que de ella se desprende es ése, el amor por encima incluso de toda la violencia que puedan mostrar las imágenes.

Lo que no deja de ser cierto, ya que el personaje principal, “Payaso Triste”, reacciona, se transforma en una bestia, y se revela ante la injusticia, impulsado por ese sentimiento, primero hacia su padre al que desea vengar y después hacia una mujer, la trapecista de la que se enamora y por la que va a ser capaz de dar salida al reprimido Mister Hyde que todos nosotros, de una u otra forma, llevamos en nuestro interior.

La proyección de gala de la película se llevó a cabo en los multicines Panoramis y convocó a cientos de aficionados que abarrotaron la enorme sala, irrumpiendo en aplausos a todo lo largo de la misma. Ya desde el inicio, con el espectacular prólogo,que la abre, el público reaccionó con una sonora y prolongada ovación, .

Todo el equipo volvió a estar presente en la proyección nocturna. Alex de la Iglesia, los productores, los actores... que salían entusiasmados al acabar la película, ante la reacción de los espectadores, que aplaudieron durante un buen rato. .

Photos by: Juan Carlos Soler y Scotty

La película llegará a los cines de toda España el próximo viernes día 17.

10/12/10

Quién puede matar a un niño? (Pedazo de Cartel VII)

Cartel Fin de Semana

¿Al cartel de qué película pertenece este "pedazo de cartel"?

Solución: "¿Quién puede matar a un niño?"

Enhorabuena a:

Athena, Bertoff, Cine Club Hexágono Nájera, Cinexim, David, Johnnybgoog, Lughnasad, Mr. Lombreeze, Ohoru, Pepe Cahiers, Ricard.

Parar el MixPod para ver el vídeo.