29/1/10

La herencia Valdemar

Ouija en el orfanato

Daniel Liotti (?) es Valdemar.

La herencia Valdemar es una vergonzante película que nos deja estupefactos por la cutrez que campea en todos y cada uno de sus apartados. Desde un guión sin pies ni cabeza que recurre a los más manoseados lugares comunes, a una puesta en escena digna de la peor serie de televisión, pasando por una dirección de actores increíblemente tosca donde profesionales que han demostrado sobradamente su valía en otros trabajos están simplemente irreconocibles. No se entiende que hayan consentido participar en semejante desaguisado si no es por sacarse unos eurillos, que tampoco creo que hayan sido muchos, pero el panorama de la industria cinematográfica en España no está para decir que no a nada si se quiere seguir comiendo del trabajo de actor.
Laia Marull se atreve a mostrar toda esa "retaguardia" sin nada encima...
Según se dice al inicio, el guionista y director -un tal José Luis Alemán, que parece que debuta aquí- se inspira en el “universo Lovecraft”. Pobre Lovecraft si levantara la cabeza y se viera involucrado en tantas gilipollez. No sólo Lovecraft le sirve al señor Alemán de “inspiración” si no que también mete en el ajo a personajes tales como Bram Stoker y Aleister Cowley y, si no oí mal, a Puccini. Los tres vienen a España a una sesión de espiritismo que organiza el famoso escritor y practicante esotérico (Crowley) y que acabará desatando las fuerzas del mal.

Naschy, como el fiel criado, consolando a su señor.
Me resisto a explicar el argumento ya que hasta detallado por mi modesta capacidad literaria lo ensalzaría al infinito dada la inoperancia de los responsables para exponerlo con un mínimo de eficacia. Para colmo, se ha fraccionado lo filmado en dos entregas y se nos amenaza con seguir la historia en otra película que se proyectará dentro de poco. Total, como una serie de televisión en dos partes, pero en las pantallas de los cines.
"A que estamos guapos ´con estas vestimentas..."
Me paro a pensar en la patética empanada en la que se han embarcado una serie de buenos actores que están igualmente patéticos. Oscar Jaenada (Goya, por Camarón), Laia Marull (Goya, por Te doy mis ojos), Eusebio Poncela (un buen actor habitualmente), Rodolfo Sancho (tan de moda por la serie La señora) y Francisco Maestre como Crowley, el único que le pone un poco de pasión a su trabajo y consigue salvarlo mínimamente. Punto y aparte a la presencia de Paul Naschy en su última aparición en el cine justo antes de fallecer, lo mejor de la función. Sin duda hay homenaje a su cine, al poner el nombre de Valdemar al personaje principal, en referencia a su recurrente hombre lobo, Valdemar Daninsky... Y, de paso, conectar subliminalmente con Poe y su El caso del señor Valdemar.
El carruaje con caballos negros y conductor a lo fúnebre siempre queda muy aparente...
Calificación: *

26/1/10

Up in the air

Gracias por despedir


Vera Farmiga a Clooney: "¿Estás seguro de que nosotros somos nosotros?"

Up in the air es una película que habla del mundo de ahora mismo con humor pero sin complacencia. Hace comedia de cosas muy dramáticas sin que ese drama esté trivializado gracias a su sarcástico y ocurrente enfoque, a sus acerados diálogos y a su agudeza crítica. Up in the air nos hace sonreír o nos provoca la risa, pero es algo que hacemos con la boca torcida. Los personajes principales de Up in the air son tiburones de una gran empresa cuyo cometido es despedir, despedir y despedir a más y más y más empleados sin importarles, al menos aparentemente, el dolor y el drama que van sembrando en vidas ajenas, en gentes sencillas cuya única meta en sus vidas es trabajar y alimentar a su familia, pagar la hipoteca y, a cambio, producir, producir y producir como meras piezas de un engranaje ( que otros manejan) sin plantearse qué puede haber más allá de la necesidad de cobrar su sueldo a fin de mes. La mass media del siglo veintiuno apaleada por la crisis que el mundo está padeciendo, y apuntillada por los altos ejecutivos que la gestionan, quienes para nada sufren sus consecuencias

Anna Kendrick: "Este tío no es lo que parece... Bueno, yo tampoco"

Empresas que reclutan de entre sus tiburones a los más sanguinarios, insensibles e indiferentes a todo lo que no sean ellos mismos, para que lleven a cabo tal cometido. Ellos son los que dan la cara y hacen el trabajo sucio tirando a la calle a los trabajadores que, llegado el momento, dejan de interesar. Además, deben de intentar convencerlos de que les están haciendo un favor. Up in the air habla de ello, centrándose en tres de estos tiburones, a quienes sólo les importa el arribismo a toda costa y alimentar unas vidas egoístas obsesionados con el lujo y el derroche. A lo largo de la película los iremos conociendo y se irán conociendo ellos mismos. Quizás no sean tal y como ellos mismos piensan que son. A todos -a ellos y a nosotros-, nos espera alguna que otra sorpresa en ese proceso, en el que se acabarán revelando como personas muy diferentes. Un planteamiento, nudo y desenlace que ya estaba esbozado, en un registro más sosegado y mucho menos lacerante, en la estupenda opera prima de Reitman, Juno.

Clooney, como los demás personajes: el esfuerzo por conseguir una modificación de la realidad, manipulándola.

Magníficamente dirigida, con un guión preciso y precioso, fotografiada con maestría y con una banda sonora espléndida, Up in the air es una película que se ve con gran complacencia. Los actores, simplemente perfectos, son el último gran aliciente de esta película que da el espaldarazo definitivo a Jason Reitman (hijo del director Ivan Reitman) tras las estimulantes Juno y Gracias por fumar. Recordemos que Jason Reitman era actor y que desde su debut en Juno no se ha vuelto a poner delante de las cámaras, por lo que parece que este va a ser definitivamente su trabajo en el cine: dirigir.



Vera Farmiga: apariencia y realidad puede que no se correspondan.

Up in the air prosigue el avance de Reitman en su capacidad para dotar de complejidad crítica a las “divertidas” historias que cuenta y tras la levemente ácida Juno, un compendio de sensibilidad, delicadeza e ironía, y tras apretar las tuercas con Gracias por fumar, da otra vuelta de tuerca más con esta película en la que, otra vez, consigue una dirección de actores simplemente insuperable. A George Clooney nunca lo he visto más eficaz ni más digno sucesor de los que, me parece a mí, son su maestros y su inspiración: Cary Gran y Clark Gable, a los que, además, se parece físicamente y a los que emula, sea consciente o inconscientemente. Supongo que más bien conscientemente.


Reitman, a la izquierda, con sus actores principales.

Y qué decir de las chicas que le dan la réplica. Tenemos a una atractiva, seductora y buena actriz Vera Farmiga -a la que vimos hace poquito en La huérfana-que consigue que su agradecido personaje no se le escape de las manos y aprovecha la ocasión componiéndolo con contención y elegancia, pero con magnetismo. Anna Kendrick, a la que creo no haber visto hasta ahora (creo que sale en Crepúsculo, pero no he pasado por taquilla), está simplemente perfecta en un personaje ambivalente, contradictorio, vulnerable, encantador. Los actores, sus trabajos (la mayor cualidad de Reitman es la dirección de actores) son la guinda de esta divertida y a la vez agria película que, como en su día lo fue Juno, va a suponer la gran sorpresa de la presente temporada. Y no va a ser ninguna sorpresa las candidaturas que Up in the air va a conseguir para los próximos óscar. Como es sabido está acumulando nominaciones y premios por todas partes. Algo que me parece justo y de lo que me congratulo.

Calificación: ***

22/1/10

Ryan O´Neal

De Oliver a Barry Lyndon
Ryan O’Neal fue en la década de los 70 uno de los galanes más deseados por las jovencitas (y no tan jovencitas) que lo descubrieron justo en el año en que empezaba dicha década en la película de Arthur Hiller, Love Story. Su personaje, Oliver, lo lanzaría fulgurantemente al estrellato. La película fue un romanticoide folletín que hizo correr ríos de almíbar y de lágrimas entre un público femenino que en aquellos años devoraba las por entonces muy populares fotonovelas. Las fotonovelas eran una suerte de novelitas rosa de consumo en formato revista, en las que los textos, levísimos, eran simples apoyos que enfatizaban historias de amor contadas utilizando fotografías, ordenadas al estilo de las viñetas de los cómics: en realidad eran tebeos cuyas cuadrículas sustituían los dibujos por fotos. En Love Story nacía también otra estrella cuyo recorrido fue algo menos extenso que el de Ryan, pero que mientras lo fue, no tuvo nada que envidiarle: su compañera de reparto -y de lágrimas- fue una tal Ali McGraw, hoy olvidadísima. Love Story tuvo poco después su secuela, que se llamó Historia de Oliver, pero que no alcanzó ni por asomo el éxito de la primera.

En la época de Peyton Place, cuando aun había rodado para el cine.

En España, más de una de las estrellas del cine de aquellos años salieron de la fotonovela. De los actores españoles que de dichas narraciones pasaron al cine, citaré a María José Cantudo y a Manolo Otero los qué, como estaba mandado y reclamaban sus fans, trasladaron sus fotoromances impresos a la vida real y acabaron pasando por la el altar. El matrimonio no llegó muy lejos, pero esa es otra historia. Otra historia que también hubiera podido muy bien ser de fotonovela. Pero estamos hablando de Ryan O`Neal…
Ay!, los estragos del tiempo...

Cuando se rodó Love Story, Ryan O´Neal no era un completo desconocido pues en la década anterior (años sesenta) había intervenido en la exitosa serie de televisión Peyton Place. Allí hacía pareja con la también futura estrella de cine Mia Farrow. Aquel trabajo en televisión le proporcionó algún papel en el cine, pero sin que ello tuviera demasiada repercusión en su ascenso al estrellato. Si acaso, destacar de finales de los 60 una película titulada La perversa (que se estrenó en España con bastante retraso, y a rastras del éxito de Love Story), en la que conoció a la que sería su primera esposa, Leigh Taylor Young.
La pareja que más hizo llorar en los setenta. Con Ali MacGraw en Love Story.

El éxito de Love Story (quién no reconoce todavía ya desde los primeros acordes a la oscarizada y romántica banda sonora de Francis Lai), película por la que Ryan obtuvo una nominación al óscar, propició que nada menos que Barbra Streisand -entonces una de las diosas indiscutibles de Hollywood- se fijara en su atractivo palmito y lo reclamara para ser ella la que lo pasara por la piedra (en la ficción y durante el rodaje, se cuenta) en su siguiente película, una nueva versión, con los personajes puestos al día, del clásico de la comedia de los años treinta La fiera de mi niña
Barry Lyndon alumbrado por Kubrick: utilizó como única iluminación de interiores la luz de las velas del decorado.

Ni la Streisand era Hepburn, ni O´Neal era Grant, pero ¿Qué me pasa, doctor? resultó ser una delirante y divertidísima comedia que no tenía motivos para avergonzarse delante de su modelo. ¿Qué me pasa, doctor? fue dirigida por Peter Bodganovich, por entonces un prometedor director que, antes de perder de forma prematura e incomprensible el protagonismo y el peso que conseguirá en la industria del cine en los siguientes años, nos dejó obras de la importancia de The Last Pictures Sow, Targets o Una señorita rebelde.

Con Tatum en un descanso de rodaje (Luna de papel)

A continuación de ¿Qué me pasa, doctor?, Bodganovich le puso a Ryan O´Neal otro gran éxito en bandeja, Luna de papel, película en la que debutaba su hija Tatum. Con solo nueve añitos Tatum O´Neal consiguió el óscar a la mejor actriz secundaria, ostentando todavía hoy el récord de ser la actriz más joven en ganarlo. Bodganovich siguió haciendo cine, pero su aura de gran director había sufrido un importante deterioro tras varios fracasos consecutivos y al día de hoy no ha conseguido recuperar el prestigio de su primera etapa. Y eso a pesar de películas tan interesantes como Texasville, ciudad a la que volvió en la ficción treinta años después a revisitar a los personajes de The Last Pictures Sow para que comprobar qué había hecho de ellos el paso del tiempo. Bodganovich, por desgracia, sigue estando bastante infravalorado, no tanto de la crítica como sí del público. Un público hoy muy distinto del de sus primeros éxitos y con el que no logra superar una evidente desconexión. Pero estamos hablando de Ryan O`Neal…

Con Farrah, al principio de su relación.

Después de una serie de películas de relativo éxito a Ryan O´Neal le faltaba todavía interpretar su película más prestigiosa y su cénit como actor, la aparatosa versión de la novela de Thackeray, Barry Lyndon, llevada a cabo en el 75 por un Stanley Kubrick en el apogeo de su creatividad, si es que ese apogeo no lo fue toda su impresionante filmografía. A partir de Barry Lyndon la carrera de Ryan O´Neal se estancó. Volvió a trabajar con Barbra Streisand en Combate de fondo, donde aprovechaba su pasado como boxeador. Hay que decir que en su juventud, antes de meterse a menesteres de actor, practicó profesionalmente ese deporte. Pero ya nunca remontaría su fama y la decadencia física que siempre llega a los guapos le fue limitando las posibilidades de recuperar el protagonismo perdido al no encajar en lo que siempre se esperaba de él: que estuviera guapísimo.


La pareja estuvo muy unida y durante la enfermedad de Farrah el siempre estuvo a su lado.

Se casó con la ex ángel de Charlie Farrah Fawcett Majors, fallecida hace muy pocos años. En su vida privada hubo tiempo para todo tipo de escándalos siendo el más sonado el que protagonizó al disparar con una pistola al hijo de ambos (al que no llegó a herir) en una reyerta familiar que nunca se aclaró del todo. En la actualidad, y tras superar una grave enfermedad de la sangre, ha iniciado una nueva andadura televisiva en la serie Bones donde interpreta al padre de Breenan, uno de los protagonistas y se anuncia su participación en varios capítulos de 90210.

19/1/10

Hierro

No sin mi hijo

Hierro es una interesante ópera prima que se adscribe al género suspense con ligeros toques de terror tan del gusto del público español. Está producida por quienes gestaron nada menos que El orfanato y creo que eso se nota. Una joven madre pierde a su hijo, que desaparece misteriosamente cuando viajan en un ferry que los lleva de vacaciones a la isla de El Hierro. El dramático suceso la trastorna, como es natural, y tras varios meses de angustiosa espera sin saber qué pudo pasar y qué puede haber sido de su hijo, es requerida por la policía para que vuelva a la isla e identifique el cadáver de un niño que ha aparecido ahogado y que por sus características pudiera ser su pequeño. La pesadilla solo acaba de empezar.

Hierro es una película modesta que huye de los aspavientos pero que se cuida de recrear con elegante minuciosidad el clima de ensoñación y pesadilla que está viviendo el personaje, aderezando la intriga con detalles sutiles. El punto de vista fantasmagórico que la mujer tiene de la realidad que vive hace que como espectadores llegamos poner en duda su equilibrio mental. De la Riva realiza un trabajo exhaustivo en el que va creando un imperceptible suspense que nos hace pensar que en la casi desértica y aparentemente tranquila isla se guardan más secretos de los que aparenta su bucólica placidez. La utilización que se hace de los paisajes agrestes de El Hierro, casi extraplanetarios, son magníficos, como magnífica es la fotografía y la banda sonora.

Sólo por estos logros técnicos ver Hierro ya merece la pena, película en la que el director, que debuta aquí, desarrolla un auténtico ejercicio de estilo. Esa exquisitez estilística se amplía a la interpretación de una estupenda Elena Anaya, lo que le ha valido el premio del festival de Sitges. En la película pueden reconocerse rasgos temáticos y estilísticos de la ya mencionada El orfanato, principalmente en el trabajo de la protagonista, cuya comparación con el de Belén Rueda es inevitable. Hay también argumentalmente ciertas coincidencias temáticas con una película que vi hace ya algunos años interpretada por Jodie Foster, Plan de vuelo: desaparecida, cuyo director no recuerdo ni me voy a molestar en buscar. Pero quien haya visto El rapto de Bunny Lake, la obra maestra de Otto Preminger, verá que el personaje de Anaya es bastante más que deudor del que interpretaba allí un extraordinaria Carol Lindley, la mamá de la hasta hace muy pocos años en el candelero, Laura Lindley. Por cierto ¿qué ha sido de esta chica?.

Hierro se deja ver con bastante interés pese a que se pueda argumentar que se trata de una única situación que se estira y estira. Pero ya hemos dicho que Hierro es principalmente un ejercicio de estilo, en el que lo que cuenta es la descripción de la psicología del personaje principal. Es revelador al respecto el sugestivo prólogo en el acuario donde trabaja la protagonista, donde ya se nos dan las claves para lo que vamos a ver a continuación. La película está fotografiada desde el punto de vista del personaje y lo que vemos como espectadores lo asimilamos como la distorsionada visión de una mente alterada. Algo parecido a lo que Polanski hacía con algunos personajes femeninos de algunas de sus películas, como el de Catherine Deneuve en Repulsión, el de Mia Farrow en La semilla del diablo o el de Shelley Winters de El quimérico inquilino.

La extraordinaria y peculiar orografía de la isla se aprovecha muy eficazmente para lograr esos efectos de irrealidad y de pesadilla. El Hierro se integra en la narración casi como un personaje más: no es gratuito que la película lleve su nombre por título. El final es quizás menos sorpresivo de lo que se pretende, pero desde luego es coherente con la honestidad y el rigor con que se ha realizado la película, en la que se huye de efectismos gratuitos y de sustos que no vengan a cuento. Virtudes que se redondea gracias a la cortedad de su metraje: menos de hora y media. Un tiempo más que suficiente para contar la historia sin que el público acabe saturado de obviedades y escenas de relleno. Lo que la beneficia bastante y se lo agradecemos como espectadores.

Calificación: **