14/12/09

Algo pasa en Hollywood

Algo pasa con el Cine

De nuevo me encuentro ante la disyuntiva de plegarme a la opinión mayoritaria para no parecer un presuntuoso contestatario y hablar con cierta positividad de esta película, o ser sincero hasta las últimas consecuencias con mi propia valoración y decir, ya de entrada, que Algo pasa en Hollywood es de una mediocridad irritante y que me deja perplejo algunas opiniones positivas, y hasta entusiastas que he tenido que escuchar o leer. Mira que procuro cerrar ojos y oídos cuando la película en cuestión está en mi agenda para su visionado, pero a veces no se puede evitar que te llegue cierta información.
A pesar de ello, no me sorprende para nada encontrarme con una película pedante que pretende ser una cáustica mirada al mundo del cine y sus entresijos y que acaba siendo una superficial sucesión de manoseados tópicos sobre el tema. Y no me sorprende porque Barry Levinson, un director sobrevaloradísimo, ha dado sobradas muestras a lo largo de su filmografía de su afectada pretenciosidad y de su incapacidad para dar a sus propuestas la necesaria complejidad y hacerse tomar en serio como un mordaz observador de las grandezas y miserias de la sociedad norteamericana. Aquí pone el punto de mira en el mundillo del cine con la pretensión de sacar el relieve de las debilidades de quienes mueven los hilos de la industria del cine. Megalómanos, neuróticos, egocétricos, hipócritas, ambiciosos… los hombres y mujeres que hacen películas, al menos en Hollywood, están todos afectados de taras y carencias y por mucho que sean capaces de montar y hacer funcionar el complicado engranaje de hacer películas, no son más que unos chiquilicuatres dignos de lástima a los que magnificamos cuando vemos sus películas o los admiramos ante los micrófonos de un escenario de cualquier festival de cine soltando boutades que nos parecen el no va más de la genialidad.
Qué bien si todo esto, que puede que sea verdad, nos fuera contado con solvencia y credibilidad y no como una sucesión de anécdotas vacías de significado adornadas con ínfulas de sentencias solemnes (el pretendido humor corrosivo que las envuelve es absolutamente plano e inocuo), totalmente inofensivas. Levinson no es Robert Altman y su juego de Hollywood está a años luz del de el director de M.A.S.H, al que parece querer seguir los pasos de su El juego de Hollywood, con resultados bastante deplorables. Quizas no sea procedente recordar obras maestras sobre el tema tales como El crepúsculos de los dioses (Billy Wilder), Cautivos del mal o Dos semanas en otra ciudad (las dos de Vicente Minnelli) y alguna más que ahora se me pueda escapar. Puede que no sean comparables a Algo pasa en Hollywood por pertenecer a otra época y a otros conceptos de lo que se entiende por Cine, pero la hondura, la sagacidad, la verdad , la credibilidad, la elegancia, la maestría de aquéllos directores y de aquéllas películas dejan en evidencia la absolutamente pedante, intrascendente e inútil peliculita de Barry Levinson… que sí se puede comparar con la ya mencionada El Juego de Hollywood de Robert Altman, su modelo, para dejarla en evidencia ante la obra de un auténtico maestro de su misma generación, abordando similar argumento.
Y qué más me da que éste o aquél actor o actriz esté estupendo, o que la fotografía sea una pasada, o que tal o que cual…. Algo pasa en Hollywood es un pestiño de mucho cuidado que sorprendentemente está siendo capaz de embaucar a más de un supuesto entendedor de cine, profesional de la crítica o no, que la valoran como no se merece. Y se me escapan los motivos por los que Bruce Willis haya decidido producir esta tontería en la que se reserva el papel de hacer su propio papel. Desde luego que si Bruce Willis es tal como es en ésta película, mejor que se hubiera quedado calladito antes de aparecer haciendo de sí mismo, siendo un megalómano insoportable y un auténtico gilipollas. Sean Penn también hace de Sean Penn, para quien todavía no haya visto la película o no lo haya leído por ahí. Y hablar de resto de los actores, todos tan conocidos, ya lo harán en otros comentarios por otros sitios. Yo detesto repetir lo que suelen ser citas comunes por todas partes. Pero ¿alguien ha dicho que Algo pasa en Hollywood es un tostonazo? Si nadie lo ha dicho, se dice aquí.
Calificción: *

13/12/09

Stephen Boyd

El amigo de Ben Hur

Hablamos ahora de un actor, Stephen Boyd, que entró de lleno en la mitología de todos con la espectacular y mítica película Ben Hur, de William Wyler. Recordemos que Fred Niblo ya había hecho una primera versión muda en los años 20 del libro de Lewis Wallace, con una de las máximas estrellas del momento, el mexicano Ramón Novarro, como protagonista. En la versión de Wyler él (Boyd) no hacía de Ben Hur, sino de Mesala (una obviedad, ya lo sé), lo que no fue óbice para que su presencia en la película y el magnetismo que desprendió estuviera a la altura del trabajo de Charlton Heston, el protagonista indiscutible.La "amistad", por encima de todo. Brindando por ella...

Fue en Ben Hur donde el público descubrió el poderoso atractivo sexual del actor y su gran presencia en pantalla, a pesar de que ya hacía mucho tiempo que se esforzaba por llegar al estrellato. Incomprensiblemente, tras lograrlo por fin, ¡y de qué forma!, sus futuras películas nunca estuvieron a la altura de lo que se esperaba de él tras éste espectacular trabajo.
Stephen Boyd comenzó desde muy pequeño en el arte de la actuación. Había nacido en Irlanda, en Belfast, y allí hacía teatro colegial y amateur desde los cinco o seis años. En la adolescencia se pasó a la radio, donde tampoco consiguió destacar especialmente. Pero era una persona constante que, lo que quería, lo perseguía. Así que se trasladó a Hollywood en busca de fama y fortuna y allí intervino en pequeños papeles sin la menor repercusión en sus intentos de triunfar. Así que se volvió a Europa y en el Reino Unido lo intentó una vez más.

Aquí "parece" que esté vestido de flamenco...

Hizo pequeños papeles en películas olvidables (en una, The aligator named Daisy, compartió pantalla con la ya comentada en éste blog, Diana Dors), y como no pasaba nada de nada, se volvió de nuevo a Hollywood, donde lo intentó una vez más. Papeles en películas como La mujer obsesionada (junto a Susan Hayward), Viaje Alucinante (junto a Raquel Welch), Isla al sol (con Dorothy Dandrige), El vengador sin piedad (con Joan Collins y Gregory Peck) no lograron lanzarle al estrellato.

Y, como ya hemos dicho, tuvo que llegar el Mesala de Ben Hur para que se le abrieran todas las puertas. Pero todo fue un espejismo y, tras intentar después mantener el status de estrella en películas como Venus Imperial (junto a Gina Lollobrígida), y algunas más, le llegó otra oportunidad de oro al ser elegido para hacer el Marco Antonio de la gran superproducción, Cleopatra. Diversos problemas con el comienzo del rodaje de la película más cara del cine hasta aquel momento, hicieron que, al final, el papel se lo llevara Richard Burton, el por entonces marido de la protagonista, Liz Taylor.

Con la almibarada Doris Day en Dumbo

Rendido ante la evidencia de que ya no lo lograría y, a falta de ofertas en la meca del cine, aceptó papeles en Europa en películas de muy escaso relieve. Sólo cabe destacar la superproducción de Samuel Broston, La caída del imperio romano, rodada en España, donde trabajó también para vulgares directores en películas nimias, como Mil millones para una rubia, quedando así relegado para acompañar a estrellas españolas de andar por casa como Analía Gadé, la protagonista del film, que dirigió Pedro Lazaga. Otra de sus películas españolas fue Marta, de J. A. Nieves Conde, donde daba la réplica a una exuberante Marisa Mell.


Su pose más característica, con cigarrillo en mano

También intervino en el cine italiano, igualmente en películas de tercera, donde ya lucía un físico en franca decadencia. En el año 1.977, cuando contaba 45 años de edad, sufrió un infarto que le costó la vida. Era todavía muy joven y, dada la constancia desplegada a lo largo de toda su carrera, seguramente lo hubiera seguido intentado. Y seguramente hubiera acabado consiguiéndolo. De todos modos, quedará en el imaginario de todos los espectadores de todas las épocas a partir de Ben Hur, por su interpretación de Mesala, personaje con el que llegó a turbar las apetencias eróticas del mismísimo Charlton Heston, eso sí, a través de su personaje cinematográfico.

Con Charlton Heston, de "vacaciones en Roma", durante el rodaje de Ben Hur

Como anécdota, se cuenta que durante el rodaje, y dada la conocida tendencia ultraderechista del señor Charlton Heston, el director William Wyler le tuvo que ocultar las verdaderos motivos de la enemistad de los personajes de Ben Hur y Mesala, que no eran otros que el rechazo de Judá a la atracción homosexual que le inspiraba su amigo Mesala. Stephen Boyd sí que lo sabía y también tuvo que ocultar ese dato a su compañero de reparto, el cual montó en cólera cuando se lo dijeron una vez terminada la película.

Stephen Boyd será para siempre, como máximo logro del estrellato que siempre ansió, el Mesala que nadie hubiera podido haber hecho más atractivo y creíble.

10/12/09

Paranormal activity

Fantasmas en la casa

Fotograma del tráiler promocional. No es una escena de la película

El caso de Paranormal activity es comprable al de El proceso de la bruja de Blair ya que estamos ante una película de confección amateur, hecha con una cámara y tres o cuatro actores, con un planteamiento similar a aquélla, con una utilización de los códigos narrativos prácticamente idénticos aunque con unos resultados algo menos aparentes. Y otra vez se nos quiere colar lo que estamos viendo en pantalla como algo que ha ocurrido en la realidad. Parece que eso de “basada en hechos reales” vende mucho más… pero sólo los más incautos pueden creer que lo que se ve en pantalla está basado en hechos reales. No pasa nada si la narración se enfoca desde un punto de vista de (ficticio) documental. Es algo legítimo pero no hay que llevarse a engaño: de hechos reales, nada. Pasaba igual en la película que le sirve de inspiración, la ya mencionada El proceso de la bruja de Blair.
Una pareja aficionada a los temas paranormales juguetea con una recién comprada cámara de vídeo intentando grabar, medio en broma medio en serio, lo que pudiera pasar en el dormitorio mientras ellos duermen. Dejar la cámara grabando en la habitación durante sus horas de descanso nocturno va a destapar la caja de los truenos y se van a llevar más de una sorpresa. La idea es muy interesante sobre el papel. Pero los resultados de Paranormal activity no lo son tanto. Podemos decir que la pobreza de medios es la culpable de que no se le saque demasiado partido a la propuesta… o que a pesar de esa pobreza de medios, la película funciona aceptablemente. Me voy a quedar con lo último, pues para desarrollar la idea argumental con más complejidad de lo que se hace, habrían hecho falta muchos más medios materiales para escenificar ciertas cosas que, a lo mejor, es bueno que hayan quedado en off.

Creo que el hecho de que las truculencias en que la película pudiera haber caído se dejen de lado y no se muestren dejándolas a la imaginación, enriquece la narración y por medio de la sugerencia se deja al espectador que se imagine todo lo que no se muestra y estaríamos deseando ver. La idea de apenas mover la cámara de un mismo sitio y darle a la misma todo el punto de vista de la película es, no cabe duda, el recurso más eficaz cuando no hay presupuesto y eso ya se vio en la ya mencionada El proceso de la bruja de Blair. Hace poco lo hemos visto hacer en REC - en sus dos partes- y también en Distrito 9, pero en ellas, pese a que no sean películas caras, sí que había un presupuesto coherente.

Paranormal activity es una película más bien insignificante pero no vergonzante y pese a que transcurre de forma monótona y es redundante en demasiadas situaciones, tiene varios golpes de efecto muy eficaces. Y lo que más se le agradece es que no abusa para nada de los sobresaltos comunes al género y soslaya la truculencia (pensamos que la falta de presupuesto puede haber sido una virtud) conteniendo el relato y dándole a lo insinuado su mayor capacidad para inquietar al espectador.

Como todos hemos leído u oído por ahí, Steven Spieberg está detrás de la promoción de esta pequeña película que antes de llegar a las pantallas estuvo montada en la red durante bastante tiempo y donde parece ser que cosechó bastante fama. Fue llegar a oídos (y ojos) del rey midas del cine y hacerse con los derechos de explotación de la películita y de preparar la correspondiente versión bajo parámetros presupuestarios muy diferentes a los de Oren Peli, el director de este “sleeper” que ha arrasado en las taquillas americanas, pero que, me temo (o me alegro, no lo tengo claro), que es algo que no va a pasar en las taquillas españolas. Quien no vaya a verla no se pierde nada.
Calificación: *

8/12/09

El baile de la Victoria II

Aclaración/rectificación

A vueltas en mi cabeza con el tema principal de El baile de la Victoria, algo me decía que no sólo lo había oído en El cielo protector y, escarbando escarbando en la memoria y en internet, he encontrado por fin dónde más la había oído. La música está también en la banda sonora de Herida, una gran película de Louis Malle. Pero tengo un problema para explicarme de quien es realmente la composición, si de Sakamoto, que firma la música de El cielo protector o de Z. Preisner, que firma la de Herida.
.
Teniendo en cuenta que El cielo… es de 1989 y Herida de 1992 parece claro cuál es el origen. Pero en ninguna de las informaciones de Herida que he localizado por internet, se dice que el original sea de Sakamoto. Así que, mientras no se demuestre lo contrario, primero estuvo en El cielo protector por lo habrá que adjudicársela a Sakamoto. Pongo en el Mixpod videos de El Cielo protector, de Herida y de El baile de la Victoria. Si alguien tiene información más precisa de cuál ha compuesto realmente la partitura, le agradecería que la expusiera aquí.

P.D. Con El baile de la Victoria me está pasando algo que muy raramente me ocurre. Una vez vista una película, lo normal es recordarla, para bien o para mal, con cierta distancia y objetividad. A veces, una película que ni siquiera te ha parecido perfecta en un primer visionado, se te mete en la cabeza y no puedes evitar que te martillee pensando en ella casi obsesivamente, engrandeciéndola en el recuerdo.


Es lo que me ocurre con El baile de la Victoria, una película que quizás tenga muchas más
cualidades de las que en un principio le vi. Como mínimo, la
emoción que me produjeron ciertos pasajes perdura y sique vivo, engrandeciéndose en el recuerdo. Que una película te conmocione así, merece que la consideres una gran película. Es mi caso, por lo que me deja perplejo, y hasta llega a dolerme, lo maltratada que está siendo por una parte importante del
público y de la crítica.